EuroBasque ante el 60 aniversario de los Tratados de Roma

El Tratado constitutivo de la Comunidad Económica Europea, hoy UE, y el aún vigente Tratado de la CEEA (Euratom), cumplen 60 años. La foto de la firma, que tuvo lugar el 25 de Marzo de 1957 en Roma, nos muestra una sala con nutrida presencia de “hombres de Estado” de los seis países fundadores. En estos 60 años la sociedad europea ha alcanzado un desarrollo social y económico sin precedentes en la historia. Europa, a su vez, ha experimentado importantes transformaciones y superado crisis de gran envergadura: la construcción del muro de Berlín; las descolonizaciones, en el caso de Argelia, tras la guerra con Francia; el milagro económico alemán; la crisis de la silla vacía provocada por De Gaulle; la ampliación a Reino Unido, Irlanda y Dinamarca; los azotes de los terrorismos; la crisis del petróleo y la dependencia energética; la ampliación al Sur de Europa, al caer las dictaduras en Grecia, Portugal y España; el euroescepticismo de Lady Thatcher; la caída del muro de Berlín y del telón de acero que dividía a Europa; la independencia de las repúblicas bálticas; la “emancipación” de Europa del Este; la desintegración de la URSS; las guerras de los Balcanes y del Golfo; la ampliación al Norte y a Austria; las negativas de varios pueblos europeos a refrendar Tratados aprobados por sus gobiernos; la gran ampliación al Este, proceso aún inconcluso.

 

Frente a las crisis, el europeísmo y la integración europea han avanzado consolidando el imperio del derecho dentro de la Unión, a través de un sistema judicial europeo; un mercado interior, un espacio de libertad, seguridad y justicia, una ciudadanía de la Unión; una Carta, vinculante, de los Derechos Fundamentales; el aumento de poderes del Parlamento Europeo, hasta designar la presidencia de la Comisión; una estrategia por el desarrollo sostenible y lucha contra el cambio climático; la gobernanza multinivel y la subsidiariedad; la política de cohesión social y territorial y los fondos estructurales; el €uro; la protección de los consumidores; la lucha contra la discriminación y la igualdad entre hombres y mujeres; un sistema de economía social de mercado en condiciones de libre competencia; una tímida política exterior común, acción exterior y defensa (PESC, SEAE, PCSD) … Se trata de un acervo comunitario que debe darnos energía para mejorar la integración y hacerla más democrática, más solidaria y más social. Lo más importante, Europa ha experimentado la Paz más larga de su historia, aspecto que la hizo merecedora del Premio Nobel de la Paz en 2012.

 

En la actualidad padecemos en Europa una crisis sistémica: la crisis del euro, financiera y económica, aún latente, con rescates, políticas de austeridad, recortes y el retroceso del estado del bienestar; el Brexit; el azote del terrorismo yihadista acentuado desde el 11-S-2001 y la “guerra contra el terror”; el drama de las personas que buscan refugio en Europa huyendo de la guerra; la expansión del populismo eurófobo y la aparición de una democracia iliberal en el centro de Europa. Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, añade “los problemas que pueda desencadenar el nuevo gobierno de Washington, la política de China en el Pacífico, la agresividad de Rusia con Ucrania y los países vecinos, o la guerra y el terror en Oriente medio y África, de la mano de un Islam radical”. ¡No nos engañemos: solo unida podrá Europa afrontar estas crisis! Pero el sistema institucional debe ser más democrático y transparente, menos complejo, más cercano a la ciudadanía y a los pueblos que componen la UE, y debe tomarse en serio, hacia dentro y hacia fuera, los valores que proclama el Tratado de la UE (artículos 2 y 3). La UE debe adherirse ya al Convenio Europeo de Derechos Humanos y avanzar hacia la Federación, respetando su diversidad.

 

EuroBasque, como co-fundador del Movimiento Europeo Internacional en el Congreso de La Haya de 1948, reafirma su apuesta por la integración en un sistema europeo supranacional donde las naciones subestatales participen activamente en las instituciones comunes, más allá del tibio Comité de las Regiones. Como viejo pueblo europeo con vocación federal, seguimos con sumo interés el referéndum sobre la independencia de Escocia y su voto mayoritario por la permanencia en la UE. Deseamos una Europa federal abierta al mundo, que asuma su responsabilidad hacia los pueblos menos favorecidos y cuyo fundamento último no sean los Estados sino la ciudadanía europea, y reafirmamos nuestra apuesta por una “unión cada vez más estrecha entre los pueblos de Europa”.